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Mejoras salariales necesarias

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Aunque parece que nos hemos quedado enganchados en el tema de la crisis que empezamos a sufrir en 2008, y que todavía nadie da por finalizada con garantías absolutas, lo cierto es que la macroeconomía nos dice que ya podemos dejar al margen ese periodo, existe lo que podríamos denominar la vida real, la que a los ciudadanos nos afecta cada día que ponemos el pie en el suelo, y esta fase sigue en plena actividad y en un avance de salida muy lento, da la sensación que puede venir otra y no hayamos recuperado la posición que teníamos en 2007.

Hemos fundamentado un alza en la productividad y competitividad basada en una importante devaluación salarial, y lo que en plena crisis podía haber sido una medida de emergencia y muy provisional se ha asentado con pocas ganas de abandonar esa posición, y hacer que los salarios no sean el instrumento que nos marque la competencia en el mercado global.

Para dar una imagen real de lo que afirmo, me voy a permitir respaldarlo con algunos datos: el 86,6% de los españoles obtienen rentas por debajo de los 30.000 euros /año brutos, y el 58% se tiene que endeudad para llegar a fin de mes. No estamos con estos datos refiriéndonos a un país subdesarrollado, esto es España, la quinta potencia económica del mundo, en términos PIB, pues 13 países tienen costes salariales superiores a los nuestros.

Tomando datos del Instituto Nacional de Estadística, el coste laboral mensual por trabajador se situó en 2017 en 2.584,58 euros, de los que 590,47 fueron cotizaciones a la Seguridad Social y 1.941,01 salarios antes de impuestos. Podrán entender que la situación no es de lo más halagüeña, pues para dar una mejor imagen de todo esto, solo el 6,5% de la renta disponible, o sea lo que queda una vez pagados los gastos que tienen las personas, es destinada al ahorro. Y esto que podíamos pensar que algo es algo, deberíamos compararlo con casi el 14% que fue el de 2009, pero sin llegar a tanto el ahorro ideal debería ser del 10% de dicha renta, pero el coste laboral en 2017 decreció el 0,2%; solo la comunidad de Madrid, el País Vasco, Cataluña, Navarra y Asturias se situaron algo por encima de la media, y Murcia, Galicia y Extremadura tuvieron el menor coste laboral.

El PIB de España en 2017 fue de 1.166.319 millones de euros y la remuneración de asalariados fue del 45% aproximadamente, mientras que los beneficios empresariales fueron del 42% del valor agregado bruto (VAB), y como al valor de los salarios es necesario descontar los impuestos y las cotizaciones, podemos concluir que es mayor el beneficio que los salarios sobre una misma base.

Es necesario que la relación del PIB con los costes salariales se compense de una forma más homogénea que la que tiene en la actualidad. Cuando decimos que el coste laboral mensual es de 2.584,58 euros, no estamos hablando del dinero efectivo del trabajador, se está produciendo una serie de hechos necesarios para el mejor funcionamiento de la sociedad, se engloban en este importe: las pensiones, el paro y los impuestos de IRPF entre otras cosas; por tanto, cuando realizamos variaciones sobre este concepto también afectamos a esas partidas, y esto ha sucedido en la crisis con la devaluación salarial.

Pero si subimos los salarios se estarán produciendo realidades curiosas, el consumo interno se incrementará, por lo que afectará en positivo al PIB, como derivada los impuestos indirectos también aumentarán en términos absolutos, por lo que los Presupuestos Generales del Estado tendrán mayor capacidad para mejorar los servicios públicos; con el incremento de la producción se podrán generar más puestos de trabajo, y en cuanto al ahorro la decisión de los ciudadanos podrá producirse favorecedora al mismo, pudiendo generarse incrementos conducentes a ponernos en el 10% anteriormente mencionado.

Es muy difícil encontrar aspectos negativos en la decisión de subir los salarios, pues la cascada de mejoras en la economía productiva se producirá sin articular fórmulas que lo posibiliten, queda como reto el planificar la incorporación de instrumentos para llevar a cabo la mejora de la productividad y una mejor adecuación en los mercados para acomodar la más eficaz competitividad, pero para ello debemos mirar más hacia la técnica y no sacrificar a unos para el beneficio de otros.

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