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Los mamíferos y nosotros

Los géneros están hechos para realizar una función complementaria: que la especie perviva

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Cuando yo estudiaba el bachiller, nos enseñaban que en el planeta Tierra había tres reinos: animal, vegetal y mineral, pero como todo en esta vida, los estudios, las investigaciones y los avances en los conocimientos nos indican que hoy existen cinco reinos: animales, plantas, hongos, protistas y moneras, porque ya solo se da esta consideración de reino a lo que se considera vivo, así pues el mineral se ha quedado destronado.

Pero centremos nuestro interés en el reino animal y dentro de él, en los mamíferos, animales vertebrados de sangre caliente, que en su mayoría son vivíparos y se alimentan de la leche que produce la madre en sus primeros tiempos de vida; como curiosidad les doy como referencia que existen 5.410 especies de mamíferos, que el mayor es la ballena azul que pesa 160 toneladas y el más pequeño es el murciélago de hocico de cerdo que pesa 2 gramos; también en su gran mayoría cada especie tiene dos géneros diferenciados: macho y hembra, cada uno con sus funciones orgánicas específicas y que se complementan para su continuidad de especie.

Quizás lo leído hasta aquí, quien lo considere, no haya establecido si lo que estoy haciendo es una clase de ciencias naturales o un rellenar espacio en blanco, pues no pretendo ni una cosa ni otra, he querido nada más que poner en posición quienes somos nosotros, la especie humana, que la realidad se encierra en ser conscientes de que somos un elemento más de los que componen la naturaleza del planeta Tierra en el que nos ha tocado vivir, y para más certeros una más de los 5.410 que componemos el grupo de los mamíferos.

Es cierto que cada especie tiene sus propias características, y que en todo caso lo que mejor define a la nuestra es lo que denominamos inteligencia, que no significa otra cosa que la capacidad de razonar, y en base a ello decidir aquello que debe hacerse para cada momento, y debo afirmar que no es mala cualidad, quizás por eso nos autodenominamos: «reyes de la creación». Algunos, para dar más legalidad a esta proclamación, manifiestan que fue Dios quien lo autorizó: «Que tenga dominio sobre los peces del mar, y sobre las aves del cielo; sobre los animales domésticos, sobre los animales salvajes, y sobre todo los reptiles que se arrastran por el suelo», y esta parece ser nuestra posición, siempre interpretativa.

Parece que lo lógico que, aun admitiendo ese dominio, no lo entendamos como esclavitud, más bien lo contrario, sería como respeto y protección por todos los elementos de la naturaleza, pues si están ahí y en muchas ocasiones nos sirven, debemos entender ese papel de dominio como el de garantía por el equilibrio natural.

Pero avancemos algo más, el Génesis habla de muchos dominios del ser humano sobre el conjunto de animales, pero en ningún momento habla de preponderancia del hombre sobre la mujer, y esto da la impresión de que después de miles de años, todavía no hemos acabado de entenderlo, los géneros están hechos para realizar una función complementaria, que es la de permitir que la especie perviva a través de los tiempos, dicho de forma más directa: es el modelo reproductivo de la enorme mayoría de las especies.

Para el resto de las funciones que nos depara y/o exige la vida, la diferencia de género es nula y debemos atender a las capacidades de las personas para que con total libertad, elijan su forma de ser y vivir, entender que alguien es más que otro por cuestiones puramente fisiológicas, es confirmar que quien así lo considera es menos que el resto por falta de inteligencia.

Si la especie humana se divide en etnias y géneros, no lo es para comprimir a unos por otros, es la forma que la naturaleza tiene de dotar de funcionalidades a los individuos que les correspondió en su momento de vivir en espacios territoriales y el género ya está entendido cual es su función.

Por tanto, ya ha llegado la hora de que el género masculino abandonemos de una vez esa certeza falsa de que la mujer tiene papel subordinado al hombre, y esto se deberá conseguir como algo que nace y se comprende en la educación de las personas; empecemos por cambiar el concepto de que esta es un gasto, porque la única verdad es que es una inversión: crear ciudadanos libres y respetuosos.

*Presidente de Aragonex