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Desechemos los extremos

Se han constituido en los portavoces de las mayores demencias e intransigencias imaginables.

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El momento que estamos viviendo está fuera de cualquier racionalidad, pues para comenzar y ponerle alguna definición, es triste con tendencia a la depresión y con una buena parte de incomprensión general.

Cuando lean esto dirán que ando sumido en falta de ilusión y optimismo, créanme si les niego esa consideración, pues de todo lo que he carecido en mi vida, siempre esas cualidades las he tenido y por tanto lo único que pretendo es hacer un análisis de la situación.

No podemos ni debemos negar que el modelo de sociedad por el que transcurrimos nuestras vidas, nos permitía hacerlo a caballo de la experiencia de suficientes años y generaciones, pero como todo llega y este statu quo se termina por agotamiento y a quienes nos ha acontecido vivirlo tenemos la fortuna de diseñar y poner en funcionamiento otro modelo; si así lo entendemos, no tendrá cabida esa convivencia con la tristeza, todo lo contrario, nos encontraremos ante un reto de creación evolutiva para nosotros y las próximas generaciones.

Cuando no decidimos transformar, sucede que los elementos insolidarios y mezquinos aprovechan el momento y hacen su propia estrategia de posición y conversión, que les garantizo nunca será para el beneficio general, ya que su modelo es el opresivo con tendencia egoísta y contra cualquier indicio de libertad.

Miren, cuando los extremos políticos y sociales se configuran como el eje de rotación por el que debemos accionar, tendremos que entender que nos estamos desviando de la normalidad y además lo que también sucede es que en lugar de corregir esto, aquellos que no aportan nada, huyen a esos extremos, pues es la excusa perfecta para su inacción, es la fórmula maestra para dar cabida a protestas vacuas que además de no aportar soluciones ni valor, son generadoras de lo que al inicio denominábamos tristeza y depresión, buscando culpables, siempre al margen de la propia responsabilidad.

El papel que juegan las personas en el mundo, se fundamenta en la capacidad que tienen para serlo y hacer de esto la garantía de la convivencia entre nosotros, y para ello estableceremos una serie de pautas; la protección y enseñanza de los menores, la ubicación en la posición que deseas desarrollar, la conformación del grupo familiar y el orgullo de haber dado sentido a la existencia que nos ha correspondido, todo ello sin duda con los matices y excepciones que dan sentido a lo general.

Para conseguir todo esto, siempre lo hemos hecho a través del esfuerzo y la ilusión, dicho en términos más técnicos y modernos hemos dado realidad a la economía productiva, aquella que nos ha generado todo aquello que necesitábamos, esto ha sido siempre y solo la técnica ha transformado las herramientas.

Pero ahora, hemos dado cabida a otros elementos que se han convertido en supervisores de nuestras acciones, como si fuesen una conciencia directora y difundidora de lo que es bueno y malo; si damos valor a lo que es principal, estaremos de acuerdo en que la agricultura, la industria, el comercio, el transporte y algunos otros más, todo ello dignificado con elementos transversales como son la sanidad y la educación; el resto son subsidiarios que acompañan para ayudar a realizar el principal.

Si perdemos un momento en estudiar el nacimiento del sistema financiero y su situación actual, veremos que lo que era una forma de apoyar el comercio, se ha convertido en el vigilante de nuestro existir, eso sí, sin que él tenga ninguno ni deba dar ejemplo de nada, que por supuesto no lo hace, ha convertido el dinero en algo perverso cuando está al margen de su control.

La realidad política derivada hoy hacia esos extremos hace que la sociedad se configure como un ente incapaz de armonizar la convivencia de todos, permitiendo la constitución de bandos enfrentados, pues estos extremos políticos se han constituido en los portavoces de las mayores demencias e intransigencias que podamos imaginar.

En definitiva, el debate de las ideas para llegar a acuerdos que den cabida a todos y que hagan realidad la evolución de nuestra especie humana es el reto que debemos primar por encima de los enfrentamientos que llevan implícitas esas posiciones revestidas de indignidad. Hagamos con ilusión el mundo que consideramos mejor y desechemos los extremos, pues en ellos solo hay frío e incomprensión.

*Presidente de Aragonex

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