Pocos territorios le deben tanto a su ubicación geográfica. La comarca del Jiloca, en la provincia de Teruel, está justo en el punto intermedio entre Zaragoza, Teruel y Valencia. Esta situación le ha permitido vertebrar su economía al entorno de las vías de comunicación.
Comarca eminentemente agrícola, el Jiloca ha desarrollado en los últimos años un potente sector servicios basado precisamente en su situación geográfica. Resulta ser un punto de vital importancia para los transportes entre las comunidades aragonesa y valenciana. Esta circunstancia ha permitido a su capital, Calamocha, crear uno de los recintos feriales más dinámicos de Aragón. La comarca ha logrado así un repunte económico en un momento en el que su población comenzaba a emigrar, sobretodo desde la desaparición de la línea ferroviaria Caminoreal-Calatayud y de la clausura de las minas de Ojos Negros, que abastecían a los altos hornos de Sagunto hasta que éstos cerraron. Para hacernos una idea del peligro de despoblación que acechaba a la comarca, un dato: Ojos Negros pasó de tener 4.000 habitantes a solamente 200.
Pero esta tendencia se está invirtiendo, o como mínimo frenando, después de que la comarca apostase por el sector servicios. Un sector revalorizado desde que “la autovía ha desarrollado extraordinariamente a la comarca”, confirma Santiago Libros, secretario general de la Cámara de Comercio de Teruel. Aún así, desde otros ámbitos como el gobierno de la propia comarca, se insiste en qué se necesitan más infraestructuras. Para Sonia Puértolas, asistenta técnica del gobierno comarcal, “nuestra clave está claro que es el estar muy bien situados pero nos faltan infraestructuras. Estamos trabajando en ello y, de hecho, ya se están armando las vías para que el tren de alta velocidad pueda pasar por la comarca. Eso no solo influiría en el sector servicios que estamos desarrollando sino también en el sector turístico”, remacha.
Otra de las patas que se está intentando explotar es la promoción de polígonos industriales. Todavía muy incipientes en la comarca (no así en Teruel, que ya cuenta con Platea), desde la Cámara de Comercio se insiste en qué “es muy importante poder contar con más suelo industrial del que contamos. No hay suficiente suelo para uso logístico porque se ha centrado siempre la actividad en la agricultura antes y en la industria agroalimentaria más recientemente”, explica Santiago Libros. “Pero es una oportunidad única porque no se puede perder de vista que la comarca está a tan solo una hora de Zaragoza por la autovía”, enfatiza Libros.
El jamón de Teruel
A pesar de la clara intención de desarrollar mucho más el sector servicios (de hecho, empresas como Mercadona han especulado con la posibilidad de abrir algún centro en la comarca), la agroalimentaria sigue siendo la industria por excelencia.
Dentro del sector, la estrella indiscutible es el cerdo, ya que la provincia de Teruel produce un jamón con denominación de origen que no solo es valorado en el resto del Estado sino que se exporta con éxito. Este jamón con D.O., el llamado Jamón de Teruel, ha hecho que muchos municipios de la comarca se hayan especializado en su crianza, en su transformación o en productos relacionados con esta industria. Sólo en la capital, Calamocha, se encuentran 24 empresas dedicadas a la agroindustria.
El Jamón de Teruel proviene del cerdo blanco de raza, curado en un ambiente seco, que es el que define la orografía de la mayor parte de la provincia. De hecho, es el frío extremo y el viento lo que da a este jamón la calidad que ha sido reconocida internacionalmente. El Jamón de Teruel obtuvo la Denominación de Origen en el año 1984, convirtiéndose en la primera en ser creada en España.
Camino verde y arte mudéjar
El turismo es otro de los sectores que la comarca también quiere promocionar, aprovechando un poco el tirón que la Expo de Zaragoza pueda tener en el resto del territorio.Teruel no es una provincia especialmente conocida entre los viajeros españoles. Incluso existe una frase que, irónicamente, recuerda que sí, que Teruel también existe. No deja de ser paradójico, ya que el territorio turolense tiene parajes realmente hermosos. La comarca del Jiloca no es una excepción y en ella se pueden encontrar desde vestigios de arte mudéjar hasta rutas de ecoturismo que harán las delicias del visitante.
Además del patrimonio natural, como la laguna de Gallocanta o el sabinar de Olalla, la comarca tiene puntos de interés turístico que abarcan yacimientos prehistóricos, fortalezas de la reconquista y numerosos edificios religiosos. Los asentamientos más primitivos dejaron huella en lugares como La Caridad, en Caminreal, Palomares o la Manga, de época romana. Las luchas durante la reconquista cristiana hicieron levantar una red defensiva de castillos como los de Monreal, Cutanda o Tornos y grandes fortalezas como el caso de Ojos Negros.Respecto al estilo mudéjar, está presente en las iglesias de los municipios de San Martín del Río, Olalla, Navarrete o Báguena.
Para los ecoturistas, nada como el camino verde que el gobierno de la comarca ha puesto en funcionamiento recuperando la ruta que el ferrocarril realizaba entre las minas de Ojos Negros y la localidad valenciana de Sagunto. Ahora, por las vías, en bici. Un placer.
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Azafranes Jiloca
Una pyme slow-food
No está muy extendido entre el resto de España pero la comarca del Jiloca fue conocida por los árabes como El País del Azafrán, por el cultivo de esta apreciada especia. Mil años después, la comarca sigue siendo uno de los principales productores de Azafrán y, a su vera, han desarrollado una fructífera actividad algunas micropymes.
Una de ella es Azafranes Jiloca, en Monreal del Campo. Auténtica micropyme (son sólo dos trabajadores, aunque en la época de recogida del azafrán este número se multiplica de forma vertiginosa), su alma matter, José María Plumed, quiere ante todo acabar con el mito de que el azafrán es caro: “yo siempre digo lo mismo, el azafrán que se necesita para consumir no es nada caro, con diez céntimos tienes suficiente para lo que se necesita en una comida. Pero está instalada la idea de que sí, que es carísimo y esa respuesta es la que yo me encuentro por parte de la mayoría de restaurantes a los que llamo”.
Ciertamente, en grandes cantidades, el azafrán puede convertirse en un producto bastante exclusivo. Lo que encarece el precio de esta especia si la compramos a granel es que “para recoger un kilo de azafrán, hacen falta unas 240 horas de mano de obra durante la recolección. Y eso sin contar el cuidado del campo el resto del año”, explica Plumed. Eso hace que haya muy poca producción en España, aunque el azafrán español es de muy buena calidad. Es el llamado azafrán viejo, que puede durar en perfectas condiciones hasta 40 años después de su recolección. Pero es muy sacrificado por la poca cantidad que se obtiene. En el Jiloca hay, en estos momentos, 9 productores azafraneros que, en total, ocupan unas 3 hectáreas de cultivo. “Es poca extensión”, aclara Plumed. Por eso una de las tareas de este pequeño empresario es convencer a otros empresarios para aumentar la producción y revitalizar el cultivo de esta especia en la comarca.
Una revitalización que puede tener una ayuda inesperada llegada del exterior. El azafrán español, y en concreto el producido en el Jiloca, ha sido escogido por el movimiento slow-food como uno de sus productos baluartes. Este movimiento, nacido en Italia, promueve el retorno a la buena comida, al comer lentamente en contraposición con el llamado fase-food o comida rápida. La organización, además, va por el mundo seleccionando aquellos productos de extrema calidad y, una vez seleccionados, los promociona a nivel mundial. Con lo que el azafrán del Jiloca tiene, ahora mismo, una oportunidad de oro para ser conocido en el mundo entero y, así, poder elaborar una estrategia de internacionalización que quizás anime a más empresarios a convertirse en productores de esta especia milenaria.
DESPIECE 2
La recomendación gastronómica
El Botero
En la localidad de Monreal del Campo encontramos, un poco como si no quisiera destacar, uno de los mejores restaurantes de la comarca según cuentan los entendidos. Las valoraciones son siempre buenas y, muchas veces, excelentes. Hasta tal punto, que su fama se ha extendido por toda la provincia de Teruel. El Botero presume de auténtica cocina aragonesa. Con el aliciente, además, de tener unos precios medios realmente asequibles teniendo en cuenta la calidad de las viandas y el servicio más que correcto.
Sus migas a la pastora y su conejo a la brasa convencen a los paladares más exigentes. Y si le añadimos una amplia carta de vinos con la que regar los platos que nos ofrece, tenemos una de las mejores opciones culinarias de la comarca del Jiloca. El chuletón a la piedra con una D.O. de cualquier parte de España, no tiene desperdicio.
Restaurante El Botero
Avenida de Madrid, 2
Monreal del Campo (Teruel)
Teléfono: 978863166
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